Hola, soy Mami Monstruo y soy gordofóbica contra mi misma.

No sé si fue coincidencia, no sé si el poder del inconsciente freudiano es tan encabronadamente fuerte que me hizo tener un bucle de conversación con personas distintas sin necesariamente yo iniciarlo. No sé. Pero lo que si sé es que toda mi vida he odiado mi cuerpo, y me la he vivido a dieta. De mis cuarenta y tantos, mi cuerpo me ha gustado tal vez 2 años. Es un porcentaje MUY pequeño. Siempre hay algo que me choca, que si los barros, que si los brazos, que si el cabello, que si los pelos, pero sobre todo, sobre todo lo demás, odio su grasa y los lugares en donde se me acomoda.

Empecé con problemas de peso desde muy chica, ya en secundaria era una experta en dietas, y mira que en mi época no se usaba. Éramos unas niñotas y unas mensas a esa edad. Pero yo ya estaba a dieta. Yo desde la primaria estaba traumada con mi cuerpo, y lo escondía, lo lastimaba y lo insultaba constantemente. ¡Qué triste! Me pienso esa niña de 10 años tal vez, ya odiando su cuerpo porque no es delgado como el de la mayoría de las niñas que estaban a su alrededor. Neto me despierta compasión la imagen. Pero la parte realmente dura es que ahora hago lo mismo, veo a las otras mujeres, y no puedo evitar pensar como todas tienen mejor cuerpo que yo. Mejor cu erpo. Mejor cuerpo lo que sea que eso signifique.

¿Qué carajos significa mejor cuerpo? Dentro de mi pequeña mente obvio pienso en las mujeres de las redes sociales y las revistas, las artistas, las señoras fit, y de ahí para el mundo real: mi hermana, mis amigas, mis primas, mis vecinas. En mi pequeña cabeza, la mayoría de las mujeres tienen ese deseado e inalcanzable mejor cuerpo, porque el mío está gordo y enfermo. Porque esa es otra, mi cuerpo está enfermo, cosa que no es el tema de hoy.

El tema de hoy es esa coincidencia de tema con algunas de mis amigas. El viernes con una, ayer con otras dos. Hablamos de dietas y de kilos. Y hoy en la mañana con mi esposo fue lo mismo. Hablamos de kilos, ni siquiera de kilos, de gramos. A ese nivel llega mi obsesión. Así que cuando me metí a bañar (porque he de decir que la regadera es de esos lugares privilegiados para mi donde puedo pensar mejor) pensé en lo que me estaba pasando y me dio tristeza. Y dije “Wey, no mames, eres un tipo de gordofóbica particular, eres gordofóbica contra ti”. Porque además cuando lo hago con alguien más de inmediato me corrijo. Tampoco es que pretenda ser una santa con el mundo. A veces lo pienso, que alguien subió o bajó de peso, o que se puso tal cosa que no le favorece. La mayor parte del tiempo no, porque si tiendo a ver a la mayoría de la gente bonita, pero a veces si me sale lo juzgona pero de inmediato me corrijo. Pero cuando es conmigo no, cuando es conmigo hasta con saña me critico. Literal me digo “no mames que mal te ves”, “neto que horribles piernas tienes”, “mejor rompe el espejo y así no tienes que volverte a ver”. Y no son exageraciones. Muchos días, ese es el contenido de mi mente cuando me veo a mi misma.

Aprendí a odiar mi cuerpo tan temprano en la vida, que ha sido un trabajo constante sanar esa parte de mi. Y a eso le sumo que la sociedad no ayuda con sus estándares y exigencias y falsas perfecciones en redes. Y aunque una parte de mi sabe que todo eso no es real, otra parte de mi si se la cree y trata de llegar ahí. Es una de mis peores luchas mentales.

Con la amiga con la que vi el viernes hablé un poco más de fondo del tema, y nos preguntábamos qué nos pasaba que sabiendo lo que tenemos que hacer para tener un peso sano y funcional y sentirnos bien con nosotras mismas, no lo hacemos. ¿Qué mecanismo interno tenemos roto, qué parte de nuestra salud mental está dañada? Es la pregunta de toda mi vida. ¿Qué pasa con mi relación con mi cuerpo y mi relación con la comida? No he logrado descifrarlo de fondo. He encontrado algunas respuestas, pero aún no funciona para que deje de ser cruel conmigo misma, sea en la manera en la que me hablo o en el maltrato físico que me hago cuando me doy un atracón o cuando me mato de hambre. Me queda claro que algo tengo que sanar, y que tengo que trabajar mucho en amar no sólo mi cabeza loca, sino mi cuerpo también.

El amor propio abarca tanto. Necesito avanzar mucho por ahí.

Mami Monstruo


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