Ya no más

Hace un par de meses estaba trabajando en un proyecto y necesitaba conseguir recursos para mujeres en situación vulnerable. La verdad es que en general tuve súper buena respuesta, y mucha gente que quiso ayudar, pero un día de la nada recibí un mensaje de una mujer que yo no conocía y no sabía de dónde había sacado mi teléfono, diciéndome que ella quería ayudar. Por supuesto le tomé la palabra.

Súper cotizada la mujer, de agenda apretada y comportamiento de inalcanzable, me dijo que podía tener una llamada conmigo, cortita por supuesto, para ver qué podíamos hacer, y en un horario mega incómodo para mi, pero, ey, era para ayudar.

Hicimos la llamada, le expliqué el proyecto, y me dijo que me cobraría una cantidad nada despreciable por estar un rato con las mujeres con las que trabajo y darles una plática motivacional.

Me asombré un poco al principio, pero pensé «bueno, no nos conocemos, tal vez no sabe cómo funciona el proyecto», así que procedí a explicárselo: es algo completamente gratuito para las mujeres a las que apoyo, y todos los gastos los pago yo (que la neta es que no son tantos, el mayor recurso que dono es tiempo… mucho tiempo, pero también algo de dinero). Y la verdad es que no tenía la cantidad de dinero que me estaba pidiendo ni la conocía lo suficiente para saber si lo valía.

Procedió a explicarme porqué ella no podía dar una plática gratuita, y la importancia de cobrar por todos tus servicios porque si no la otra persona no le daba valor, me dijo que lo que ella me ofrecía no podía medirse en dinero porque era muchísimo su valor, y me dijo que podía hacer un descuento pero pedía una serie de condiciones para darla: un auditorio con x, y, z características, micrófonos profesionales, mega bocinas, pantallas y personal a su disposición. O sea, quería que le montara una TED Talk.

Cosa que por cierto ni para mi hago. Pero bueno.

Nuevamente le expliqué porqué no me funcionaba, le agradecí su buena intención y ella terminó la llamada diciéndome que se pondría en contacto conmigo para decirme cómo quería trabajar conmigo.

La verdad decidí no volver a explicarle nada, porque a palabras necias oídos sordos, y no hay más ciego que el que no quiere ver y podría seguir con mi acervo de dichos pero yo creo que ya entienden el panorama.

Semanas después me escribe para pedirme que le haga un favor, que necesita que la apoye con algunas cosas en redes. Como tengo corazón de pollo y la mera neta, y sobre todo, porque soy malísima poniendo límites, accedí.

Long story short… toda la semana me estuvo pidiendo que hiciera cosas por ella y le diera consejos… sin parar. Trató de venderme el curso de su importantísimo master (que era con lo que necesitaba ayuda, a vender entradas para ese evento). Y de pronto recordé lo que me dijo: para valorar lo que te dan, tienes que pagar. Así que dije «De aquí soy» y me lancé a ofrecerle una asesoría personalizada con costo. ¿Su última respuesta? «Ok entiendo».

La neta me dejó pensando. Ella se súper cotizó y me quiso vender el típico tienes que invertir para recibir, pero ella no está dispuesta a invertir en sí misma ni en su negocio. No aguantó el límite y se retiró.

¿Cuántas veces nos pasa eso? Predicamos pero no ejercemos, y cuántas veces toleramos que nos lo hagan. Pero ya no más. Hoy soy perrita empoderada. No sé si mañana, pero por lo menos hoy, ya no más.

-Mami Monstruo


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